Los números de 2011

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un reporte para el año 2011 de este blog.

Aqui es un extracto

Un teleférico de San Francisco puede contener 60 personas. Este blog fue visto por 1.800 veces en 2011. Si el blog fue un teleférico, se necesitarían alrededor de 30 viajes para llevar tantas personas.

Haz click para ver el reporte completo.

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Y por fin, después de la Crisis de Noviembre, el mejor momento del año: vuelve a nevar en El Eterno Retorno n___n

Crónica de una erasmus desesperada

Capítulo tercero

Las cosas, en su sitio

Aquí Luba, desde Burgos. Llevo ya un par de días por aquí y una semana más en Madrid, desde que llegué de Munich. Lamento informar de que me perdí un festival al que quería haber ido, pero que mis últimos días en la germania fueron más que satisfactorios n____n.

El tercer día salió el sol, y eso siempre ayuda… de repente Munich se convirtió en un lugar precioso lleno de verde y de oportunidades para la gente que, como yo, había salido a buscarlas. Me hice amiwita de un señor en la uni al que debí darle pena con mi chapurreo en alemán (flipo que en la International Office no hablen en inglés), y me ofreció una habitación en la zona hipster con un excompañero suyo de piso. “No sabes la suerte que tienes, chica”, me dice con su camiseta de antinuclear. Me dio igual todo porque era muy feliz y tenía casa, en un sitio guay, con un alemán guay, y toooda la mañana para pasear y comer guarradas. Me encontré además con el Instituto Cervantes, el Max-Planck de Propiedad Intelectual y Fiscalidad, y la calle de las tiendas caras. Además me permití comprar mi primer café para llevar y un pretzel, como persona existosa en la que me había convertido.

Me hizo mucha ilusión encontrarme con sitios a los que había ido, hace ya años, con Duneiel: el McDonalds de la fuente, la óptica donde compramos el líquido de las lentillas, un poste donde una tía rara nos vendió frambuesas… Sólo me queda un lugar para volver, y es el mítico “Bar de Manolo”, el punto clave de nuestro Interrail. Eso se merece otra entrada.

Esa tarde quedé con una española que había venido de au pair, B.,  y ya juntas conocimos gente, un montón de erasmus españoles con ganas de cachondeo y buen rollo… Descubrí con ellos la residencia de estudiantes chula de verdad, un montón de bloques de estudiantes con barbacoas, bares, discotecas, sitios para comer baratísimos… lo que uno se espera, vaya, no esa ratonera que me tocó aguantar.

Al final y en resumen:

– Dejé el piso de la zona hispter para irme a uno de dos estudiantes alemanas que se van de erasmus cada una un semestre, y que parecen muy buena gente.

– Salí un par de días y Munich de noche está bastante, bastante bien.

– ¡Se puede hacer botellón! La gente va siempre con una cerveza en la mano por la calle, el metro…

– Hemos invadido Alemania, se escucha español por todas partes

– Me agobia pensar en todos los sitios que tengo que visitar este año…

– ¡Me han convencido para apuntarme a rugby!

Final feliz de un viaje bastante exprés. Tengo un firme propósito de mantener una entrada por semana contando lo que me haya pasado por allí, o alguna curiosidad, o recetas alemanas… yo qué sé.

Próximo capítulo: Oktoberfest!

Crónica de una erasmus desesperada

Capítulo segundo

El primer día que amanezco aquí tampoco parece gran cosa. Con el lío de la noche anterior me había acostado tardísimo, y tenía que levantarme a una hora razonable para ir a la universidad a que me dijeran qué podía hacer con mi vida. Lo primero que ví al mirar por la ventana fue un cielo negro, negro, negro y charquitos en el paseo, así que me volví a cabrear conmigo misma por no haber previsto mal tiempo y haberme metido en la maleta todo vestiditos de verano y sandalias. Pero a apechugar. Tenía por delante una mañana muy larga y no muy bien planificada, pero lo que más me preocupaba en ese momento era cómo iba a ir a ducharme -resulta que aquí debería haber otras 4 compañeras/os de piso, que no se habían dejado ver pero que yo sabía que existían porque por la noche entre sueños oí cómo se abría la puerta y después vi un paraguas en el pasillo. Y me daban miedo, porque J. me había dicho que eran… la clase de personas que se llevaba su propio papel higiénico al cuarto de baño. Un poco demasiado… “independientes”. Hice lo que tenía que hacer para pasar cuanto menos tiempo posible fuera de mi cuartucho y me puse los únicos pantalones largos limpios que aún me quedaban  y una chaquetilla. Mi lista de esa mañana era algo así como: universidad-comprar cargador de movil-hacer cuenta de banco-movil alemán, y si quería que me cundiera tenía que salir echando chispas.

Y de repente ahí lo ví, entre el montón que era mi ropa: ¡¡mi cargador del móvil!! Casi lloro también, han sido días de grandes emociones. Y J. se había dejado un paraguas, de puta madre todo. Mi lista de cosas que hacer se estaba reduciendo considerablemente, porque con mi chute de alegría decidí que con llegar a la facultad podía dar mis obligaciones, por el momento, concluidas.

Me compré un ticket de 3 días en el metro infernal, haciendo cálculos decidí que no me compensaba arriesgarme a colarme- porque allí no hay barras ni nada… tu entras como quien no quiere la cosa y si te pillan 40 eurazos de multa, ni seas extranjero ni historias, los alemanes son bastante insensibles a nuestros lloriqueos. Y cuando llego a la universidad (bien bonita, por cierto, ^___^) resulta que no está abierta mi oficina los lunes. Juas. Ya empezábamos. Decidí irme a Marienplatz que es dónde sabía que quedaban los erasmus españoles y mi lista cambió otra vez: ahora necesitaba un café, un plano de la ciudad y si acaso, echar un ojo a los móviles. Llovía a mares, yo llevaba unas manoletinas que empezaban a chapotear por dentro, y los alemanes que veía eran todos sosos y feos, que no me respondían a lo que yo quería saber. Me empecé a deprimir y todo era una mierda, pero afortunadamente encontré una Apple Store gigante y me animé allí un poco con los cacharritos y los dependientes alemanes, guapos y gafapastas (ya sabéis, un buen sitio para ir de caza). Un café en un Starbucks y un paseo bastante emocionante porque reencontré bastantes sitios que había visitado con Duneiel en el Interrail que hicimos en segundo de bachillerato, y se acabó la mañana porque tenía bastante hambre.

Me compré el único bocadillo que no tenía queso en una panadería por ahí (ohne Käse!! fundamental en Alemania para gente como yo) ya que no era cuestión de abusar del McMenú. Qué raros son estos alemanes, pollo con curry, mostaza y zanahoria, vaaaaya movida.

Por la tarde me dio el bajón, no paraba de llover, mi cuarto olía mal y no encontraba a nadie por la resi. Intenté rastrear un sonido que parecía de guitarra eléctrica, pero desapareció :/. Al día siguiente me daría cuenta de que era una polaca cantando canciones de misa, pero bueno, yo esa tarde estaba aburrida y sin muchos objetivos, y desde luego sin un plan mejor. Puse la música muy alta a ver si alguien venía a visitarme xD. Acabé llendo a comprar a ver si en el súper hacía amigos, pero nada, no coló. Adelanto que encontré huevos de color rosa fosforito… no los compré vete tú a saber por qué. Miedo al cáncer, supongo. Lo que sí pillé fue cerveza por si las moscas, no sea que se planteara una noche interesante al final.

De vuelta al cuarto me crucé con una chica y pensé, esta es la mía. Fui a acosarla un poco pero pasó de mi rollo completamente. Bah, que se fuera a lavar su sucia ropa sola, furcia. Me dí varias vueltas, bajé al gimnasio, subí y bajé escaleras, llamé a puertas de las compis y nada. Resi fantasma. Gente raaaancia. Di por perdida la noche, me aguanté las ganas de ir a comprar tabaco para ver si hacía colegas así (eso ya me superaba en tristeza vital xDD) y me pillé una cerveza para animarme o para tachar de otra lista que tengo lo de “emborracharme sola”. Monté un poco espectáculo para abrirla, porque no tenía abrebotellas, lo intenté con un rallador de queso y se me quedó atascado… show total. Al final con la ventana pude destaparla y estaba muy rica, acompañada de un par de capis de TBBT fue lo mejor de ese día, porque aún me quedaba lo mejor para el final…

¿Os acordáis de que tenía que estar pendiente de una página para conseguir habitaciones de una resi que quedaban libres? Pues hoy era el día que más daban. Por tanto, yo estaba cual buitre en la página desde las 23.00 para que en cuanto saliera un FREE clickar a la velocidad del viento y quedármela yo. A lo últimos minutos de las subastas de ebay. Pues a las 12 en punto pasaron dos cosas: que la página petó, y que mi internet también. Dani desde España estuvo supliéndome mientras mi internet regresaba, f5 f5 f5 f5 f5 y así durante hora y algo. Desesperació y tedio absolutos. Mi padre se unió al ataquerrrl y nada, lo mismo. Al final la habitación se la llevó una otaku de mierda con foto gatuna de perfil a la que odiamos, y yo me acosté otra vez pensando que quién cojones me mandaba a mí pedirme una Erasmus en vez de una Séneca. ARG.

Crónica de una erasmus desesperada

¡Hallo!

Os escribo, sorprendentemente, desde Alemania porque las circunstancias me han empujado a adelantar mi marcha del país para buscar cobijo, si no quiero acabar cual pordiosera debajo de un puente por lo menos durante el semestre de invierno aquí en Munich…

Para entreterme y a modo de terapia voy a escribir las crónicas de estos 5 días que voy a pasar aquí, donde no tengo habitación, conocidos, conocimiento del idioma ni habilidades sociales que suplan lo demás xD.

CRÓNICA DE UNA ERASMUS DESESPERADA

Capítulo primero

Todo comenzó una tarde-noche de verano, cuando estando en la cola de la estación de autobuses -para comprar los billetes para irme a Salamanca de finde desfásico de despedida- me llamaron mis progenitores expresando su deseo de que me fuera a Munich cuanto antes. ¿Cuanto antes? ¿Cómo de cuanto antes?, me pregunté yo. Cuanto antes de … mañana, o pasado, fue la respuesta. Pe-pero… si hoy es viernes… y no hay nada abierto los fines de semana, ¿qué voy a adelantar yo lléndome ya? Que sí, que es lo que toca, lo correcto y responsable. Pues nada, para allá, sin problema. Eso sí, mi finde que no me lo toquen…

De este modo halléme yo el domingo habiendo dormido 9 horas entre los 3 últimos días, con la madre de todas las resacas y un autobús a Capital City y dos vuelos esperándome. Por supuesto eso no era lo único que me tenía que preocupar: nada más salir de Sala, me doy cuenta de que me he olvidado el cargador de la Blackberry. Mierda, joder, voy y me olvido de la cosa más fundamental que tengo que llevarme; bueno, no, es la segunda porque la primera son las perras, que habiendo de eso siempre se puede reponer lo demás… pero… mi único contacto con el mundo conocido… allí, en la mesilla de la casa de Enashen. Manda huevos. Tú te lo has buscado, por idiota, haber estado más espabilada, pensé. Ahora te compras otro, inútil. Y así estaba, insultándome a mí misma, cuando me di cuenta de algo aún peor: no tenía impresa la tarjeta de embarque, y eso sí que era un problemón inmediato. Domingo, en una estación de autobuses que no conozco y con el tiempo pegado al culo. Eres un genio, nena. Pues a buscar solución, que no puedo permitirme perder ese vuelo, le comenté a mi cerebro. No puede ser tan complicado… es una estación de autobuses y cerca hay un Corte Inglés, y si no tenemos los chinos y moritos que siempre salvan este tipo de situaciones. ¿Adivináis lo que pasó? Correcto. NADA. Y yo a 2 horas de un vuelo internacional. Afortunadamente tengo un amigo estupendo que me imprimió el pase y me lo trajo al andén de metro que me llevaba a la estación, lo que me reafirma en mi creencia de que más vale tener un contacto que funcione a un montón de habilidades personales, porque por mucho que supliqué a las dependientas de varias tiendas, ni una me hizo el favor de imprimir un correo de dos páginas… en fin.

Del vuelo solo remarco el aeropuerto de Zurich, que es una pasada, mejor que cualquier centro comercial que haya visto. No pude comprar nada porque descubrí allí (alucinad con mi ignorancia…) que no usan euro, y no tenía ganas ni de discutir ni de pagar una hermosa comisión por cambio de divisa.

Por fin llegué a Munich. Idioma infernal, metro infernal, clima infernal. Es increíble que después de tantos años hablando alemán aún no me pueda llegar a comunicar sin dar la impresión de ser retrasada mental. Menos mal que llegó J., mi contacto allí, y me ayudó a pedir una chicken burguer en el McDonalds; después de 12 horas de viaje y habiendo dormido sólo una el día anterior, la cabeza no me daba ni para señalar lo que me apetecía en el cartel luminoso :S. Ella me llevó a casa y yo me llevé una decepción… sabía que la resi no era para mucho, pero… ¿eso? ¿Cuatro edificios a oscuras, sin un alma en metros a la redonda, ni conserje ni nada? Definitivamente esto no era como Madrid, y me empezó a entrar morriña, pero me obligué a pensar que no puedo enfurruñarme sólo porque mi habitación no era como yo esperaba. Al fin y al cabo es una residencia de estudiantes, y el idioma universal de los estudiantes, el alcohol, sí que lo hablo. Estaba animándome, porque J. resultó ser muy maja, pero de repente otro mazazo: NO VA INTERNET. No. No. NO. Eso sí que no. Es mi única esperanza de encontrar aquí casa, de hablar con mis padres sin gastar una pasta, de evadirme, de distraerme, de localizar lo que necesito de Munich, de traducir… Necesitaba internet urgentemente, además, porque a las 12 en punto se ponían a disposición de reserva on-line 2 habitaciones en una residencia donde me constaba que había españoles, con lo que me bajé corriendo otra vez a la Hauptbahnhof (estación central) a buscar un punto de wifi donde fuera.

J. me acompañó, aunque tenía que irse pronto porque trabajaba. Le di las gracias, porque realmente no sé qué habría hecho sin ella (aunque no supe si la iba a ver hasta 1 horas antes de llegar a Munich, pero da igual, se lo perdoné todo), y corriendo al Burguer que tenía WLAN gratis. Me pedí un Milkshake de chocolate -que no los tienen aquí en España y están de miedo- y pedí una contraseña, que… oh la la.. no me dieron porque ya era muy tarde para tener wifi. ¿TARDE PARA TENER WIFI? ¿Qué clase de país es éste? ¡No es el Munich que recordaba! Así que me vi con un tarro lleno calorías chocodeliciosas pero un agobio del quince, y fui a preguntar a la policía y al punto de información por internet, donde fuera. No había. Me quería morir. Fui corriendo al metro y llamé a padre, desesperada, para que hiciera las gestiones por mí porque no tenía modo de acceder a la página… pero mi padre tampoco tenía modo de comprender el alemán, ni de leérmelo de una manera que yo pudiera entender. Casi llorando llegué a mi parada de metro, sólo para darme cuenta de que no sabía volver al zulo que llamaba casa. Es el típico barrio residencial con hileras de casa iguales, y un montón de cosas con hojas de las que te puede salir un violador en cualquier momento. En ese momento que Munich fuera una de las ciudades más seguras del mundo me la repanpinflaba, porque podía jurar que había un psicópata asesino (¡si no varios!)siguiéndome las huellas a mí, una pobre erasmus con hedor a novata. Hacía mucho, mucho que no tenía ganas de llorar;  me las aguanté y me dije, adelante, que más de uno quisiera estar donde estás tú ahora, en Munich de pseudovacaciones pagadas. Imagínate que te vienes aquí para siempre, y no los 4 días que como mucho vas a tener que aguantar si te van las cosas mal. Avanti. Abro la puerta, guardo las llaves, descubro que borré todas las pelis de mi disco duro y decido que es hora de dormir.

Y así perdí las habitaciones, me cagué en todos los difuntos de los señores germánicos que pude recordar y decidí que mañana sería otro día.

Diario de una universitaria (V)

De una universitaria aún de vacaciones, aunque bueno, nosotros nunca tenemos vacaciones (por lo menos los que estudiamos letras… las canciones veraniegas no se aprenden solas, y la fiesta descontrolada deja a una destrozada). Si es que he nacido cansada.

Y precisamente de eso venía a hablar. Resulta que como Syg lleva diciéndome una temporada, soy adicta a la cafeína. Sí sí, como leen. Por eso llevo casi un mes de un humor de perros y en estado grogui todo el día. Culpa de la maldita cafeína y en forma de café además, porque la Coca-cola no la pruebo. Toda la vida alejándome de otras drogas para caer en ésta, que venía de buena y con un cartelito de “bébeme” haciéndome creer que era eso o abrazar la almohada tres horitas más. Y nada. Otro vicio, que además afecta a la misma zona del cerebro que la cocaína según recientes estudios. ¡Pero es que es la bebida perfecta! Calentita en invierno, fresquita con buenos hielos en verano (si la cafetería es buena, te los pondrán también de café para no aguarlo), te pone de buen humor, la puedes pedir a cualquier hora porque siempre entra uno, y encima la encuentras en todas partes (menos en el Patillas, lugar que merece post aparte).

Por ahora creo que el mejor que he probado es el café del Uno+, entrañable bar de mi pueblo con música pastillera mañana, tarde y noche, y un capuccino que tenía que ser pecado que me sirvieron en la cafetería de un crucero (imaginen: una butaca de cuero, mar hasta donde alcanza la vista, un atardecer espectacular, un buen libro y esa fiesta en tu paladar).

Llegará el día en que sea una machota y me los pida solos, pero por ahora que sean con leche y con azúcar.

Diario de una Universitaria (IV)

Más sabe el Diablo por viejo que por Diablo. A unos días de haber cumplido años, me parece oportuno hacer un recuento de las cosas que Salamanca ha tenido a bien enseñarme.

1. Desconfía de cualquiera que te diga a primeras que a él/ella le gustan las verdades a la cara, y que siempre va con todo por delante. Suelen ser un montóon de patrañas, y te dará la puñalada en cuanto se le presente la ocasión.

2. Si luces un bonito y prominente escote, que a día de hoy se puede conseguir con un sujetador push up y una camiseta favorecedora, conseguirás alcohol gratis en cualquier parte.

3. Y en relación con la anterior: Si vas por la vida un poco mona, algo bien vestida y con un poco de maquillaje, no te imaginas la de puertas que se te abren. Los hombres estarán más dispuestos a sujetartelas, incluso. De hecho, cualquiera te va a tratar mejor. Así que fuera esos harapos.

4. Mide tus palabras, nunca sabes cuando alguien que conoce a alguien que conoce a alguien puede estar escuchando. Eso de “en boca cerrada no entran moscas” se dice por algo.

5. Y por último: Sólo un 5% de las personas de una biblioteca han ido a estudiar. Asumámoslo, no te pones estupenda de la muerte y te maquillas como para ir a una boda si sólo pretendes estudiar. El 90% de las relaciones sociales de un estudiante se forjan en una biblioteca.

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